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La Opinión de El Profe – Nunca dije que Xavier Esparza y Jhoana Barraza cobran «moches»

*Grúas, sospechas y el robo en despoblado; la inconformidad social como fuente de derecho; cabildo y funcionarios, entre la responsabilidad y la modorra
Por Nayar Araiza López
Atenta aclaración: anteriormente  señalé un fenómeno que provoca inconformidad social, que es el que el Ayuntamiento, para hacer cumplir el Reglamento de Tránsito y Movilidad, recurre a empresas de grúas para arrastrar autos y motos infraccionados, yo señalé: …Me pregunto: ¿hay concesión?, ¿quién les dio la exclusiva?
Porque si no la hay, la sospecha es inevitable, Xavier Esparza y Jhoana Barraza “llevan moche”. Y si no, entonces la responsabilidad recae directamente en ellos… Eso fue lo que dije, tan solo un «supuesto de hecho» que el colectivo social maneja por obviedad. No afirmé categóricamente que ambos reciban “moche”, pero sí que la percepción ciudadana los coloca en el centro de la sospecha.
El problema es real y afecta la economía de las familias. Hay casos en que pagar los $1800 de arrastre de una motocicleta, más la multa y los días de corralón, resulta más caro que el valor de la unidad. Este es un servicio concesionado del Estado, como los permisos de taxi o transporte de materiales, por lo tanto debe regularse con claridad. El origen de una norma inicia en el fenómeno social, como fuente del derecho, y la inconformidad con las grúas por supuesto que lo es.
Es responsabilidad del Cabildo, de Barraza y Esparza, dar solución y proponer una reglamentación clara. No vale el argumento de que el Ayuntamiento no tiene nada que ver con los costos de las empresas gruyeras, claro que sí, ellos llaman a la empresa para llevarse las unidades infraccionadas. Definitivamente debe licitarse la prestación de este servicio, abrir la competencia y que gane quien oferte mejores precios. O, en su defecto, que el gobierno municipal tenga sus propias grúas y corralón.
Aclaro: nunca dije que la Licenciada Jhoana Barraza y el Abogado Xavier Esparza reciban moche. Lo que señalé es el clamor popular: “es inevitable la sospecha” y, si no, ambos son directamente responsables. Reitero: los $600 que le robaron a un estudiante de la UAN, a sugerencia de un agente de tránsito, «para no llevarse su carro al corralón», fue sin recibo ni nada, claro que es prueba de corrupción.
Mis respetos para ambos profesionistas, reconozco que su trabajo no es fácil, pero deben combatir con mayor rigor la podredumbre de los agentes, que necesitan una mayor capacitación. Y a los regidores, dejen la modorra y sus grillas, para que hagan una reglamentación clara al respecto. Va.